Saturday, May 31, 2008

Mi Senior Prom

Quiero despedir el mes de mayo celebrando el aniversario de mi graduación de escuela secundaria y de mi "senior prom". No voy a decir el año, pero son los suficientes como para haber perdido la inocencia, el peso ideal, la espesura del cabello, la energía para bailar toda la noche, rompiendo amaneceres sin darse por vencido. También son los suficientes como para haber ganado arrugas, canas poblando el cabello, lentes para ver de cerca, de lejos, de los dos, y una variedad de pastillas para cada dolencia, enfermedades populares en la familia, para despertar o para dormir, combinadas con una multiplicidad de vitaminas, esperanza de salud empaquetada. No puedo despedirme de esos tiempos de adolescencia, los considero los mejores de mi vida. Yo me gocé la "high-school" sin pena, ganando la gloria. Estaba metida en todo, cada fin de semana o bailaba en una marquesina o iba a una fiesta en la escuela, o a una jarana en la Casa España, o a "Discotecasino" (en el desaparecido Casino del Condado), o los panas nos íbamos de discoteca bailando hasta la última canción (usualmente una balada, para dormirnos, o el "hit" de Donna Summer, "Last Dance"), para luego irnos a desayunar al Green House o comernos una hamburguesa en "El Hamburger".

También teníamos el mejor lugar del mundo: el Viejo San Juan, en sus mejores tiempos, cuando se podía ir de barra en barra con una cerveza en la mano, paseando un cigarrillo en la otra, chequeando en qué lugar te encontrabas a alguien conocido, buscando en cuál estaba mejor el ambiente. Habían tantos lugares maravillosos en la ciudad amurallada: El Patio de Sam, María’s, Los Hijos de Borinquen, Amadeus, Escenario, Lazer, Aquí Se Puede y mi favorito, The Warehouse. La lista es larga, algunos siguen, otros cambiaron de nombre y dueño, pero el Viejo San Juan sigue siendo un lugar por donde caminas sintiendo la presencia de la historia debajo del carraspeo de tus zapatos. Además, te ofrece esa maravillosa variedad de poder ir de un restaurante ultra moderno y caro, muy europeo, con barra futurista y muebles blancos o anaranjados; a un chinchorro o barra de mala muerte, donde la cerveza es barata y a nadie le importa tu aparencia.

Siempre me emociono cuando entro al vestíbulo del Hotel San Juan con su imponente barra de madera tallada, su techo de bóveda y, sobre todo, la impresionante lámpara de araña o "chandelier", como un mar de estrellas diamantinas bailando sobre tu cabeza. Todo el "lobby" es una celebración al lujo y al buen gusto, pisos de mármol, sillones amplios y cómodos, un mostrador de madera que recibe a los que tienen la suerte de quedarse en ese hotel de ensueño. En medio de tanta ostentosidad todavía me pregunto: ¿cómo fue que mi clase graduanda logró celebrar el baile de graduación allí? No tan sólo tuvimos un baile en un sitio de maravilla, sino que también tuvimos dos tremendas agrupaciones musicales para amenizar la fiesta: la Orquesta de Tommy Olivencia y la de Roberto Rohena y su Apollo Sound. Cuando le cuento a los boricuas de Chicago (en su mayoría amantes de la salsa dura) quiénes tocaron en mi "senior prom" se quedan con la boca abierta. Yo desfilé con mi primo Esteban y, mientras los estudiantes iban desfilando (la mayoría con sus padres), alguien (no recuerdo quién) leía unas semblanzas sobre ellos que yo escribí, demostrando desde entonces mi pasión por juntar palabras e inventar ficciones.

Como la Orquesta de Roberto Rohena también cumple un aniversario, aquí les va la canción que considero el tema de nuestra clase porque la cantamos desde el barco crucero que tomamos como viaje de graduación mientras nos despedíamos de la isla y zarpábamos ansiosos rumbo al ancho mar:





por JVP

1 comment:

Anonymous said...

(Solo para ti)
Jowis, que recuerdos dulces!
Como me gustaria dar marcha atras y volver a la pista de baile... y bailar Marejada feliz.
Recuerdo el sonido de las olas, el olor a mar y algas podridas, mezclado con la colonia de Paco Rabanne en el cuerpo varonil de un puertorro banado en sudor. Tan masculino, tan latente...

Noches de gozo, de cuba libre y de inocensia.

Y en el bano de damas, se escuchaban los gritos de jubilo, infantiles por un beso robado en el ultimo bolero de Roberto Roena. Mientras se hacia fila para usar el secador de mano para secar las grenyas mojadas rizadas por tanto baile.
Por tanto gozo.

Y que puertorra puede olvidar aquel dolor de las sandalias de tacones alto.
La causa primordial de las bolsitas de aguas y pies rojos arrugados de dolor. Victimas de tantas vueltas en la pista de baile y pisadas de companeros salseros.


Momentos increibles de jaranas y senior proms en mi Viejo San Juan. Mi Puerto Rico querido. Tracionero! Porque haz permitido que la delicuencia te destruya. Poco a poco.



Gracias por traer recuerdos dulces a mi mente.
Estoy deseosa de verte querida amiga.
Hasta pronto.
Alexamia