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Con el mismo horror vi las fotos del motín que se formó en los predios del Capitolio el pasado miércoles, 30 de junio. Después de terminada la huelga pensé que las cosas se iban a calmar, pero no, el gobierno de Puerto Rico se ha empeñado en protagonizar el papel de torero y enterrarle al toro todas las banderillas posibles. Ni una semana había pasado desde que se había llegado a un acuerdo cuando en la legislatura ya estaba haciendo de las suyas aumentando el número de síndicos en la junta de la universidad, cambiando de asambleas a votaciones de estudiantes por internet, y llamando “un simple papel que no vale nada” a los acuerdos que se habían llegado con un mediador asignado por la corte.
Los estudiantes, al igual que los toros, tienen un aspecto que muchos de estos señores con gabán y corbata consideran peligroso. En vez de estar bien recortaditos y afeitados, se dejan el pelo largo y la barba crecer, como los comunistas, dirán. En vez de las chicas ir al beauty a que les pasen un buen blower en el pelo, salen con sus greñas despeinadas y sin ponerse maquillaje. En vez de vestirse con ropa de marca y zapatos de charol, andan con mahones rotos, camisetas gastadas y tenis sucios. En vez de tener la piel tan blanquita como la de ellos, tienen la piel tostada por el sol o son de una raza que ellos quisieran que no fuera igual a la suya. Para ellos son todos unos irrespetuosos, delincuentes, vándalos, subversivos, guerrilleros, tusas, ect., buscando una anarquía. Con estas excusas, ellos piensan que están en todo su derecho de aplastarlos e insultarlos. No los ven como jóvenes que están estudiando y preparándose para ser el futuro de nuestro país. No se dan cuenta de que ellos estaban lo más tranquilos haciendo sus tareas escolares hasta que vino un presidente nuevo con su agenda directa de la Fortaleza a decirles que les iba a quitar las exenciones, aumentar la matrícula e imponerles una cuota porque a ellos les toca sufrir la ineptitud de una administración que no sabe ni cómo cobrar los millones de dólares que les deben. En un país donde el crimen se incrementa cada vez más, el gobierno decide que tiene que utilizar a la Fuerza de Choque, la Guardia Nacional y la Unidad Montada para intimidar, lanzar gas pimienta, amenazar con pistolas y dar macanazos a diestra y siniestra a estudiantes, padres, trabajadores y periodistas tratando de hacer su labor, mientras los verdaderos criminales caminan felices por las calles con la misma prepotencia y altanería que ellos lo hacen. Me imagino que éstos pensarán que están mejor robando y vendiendo drogas porque si estudian en la universidad y se quejan les caen a palos.
No había justificación para tanta violencia. No había justificación para no permitir el acceso a los periodistas, fotoperiodistas y ciudadanos (estudiantes o no) que querían presenciar los trabajos de la última sesión del año fiscal en el Capitolio del Pueblo de Puerto Rico. Los que querían entrar estaban dispuestos a presentar sus identificaciones y no habían vandalizado nada. Sin embargo, ya ellos estaban armados y preparados para atacar, como matadores en la plaza de toros. Sabemos que el torero necesita cargar con la espada porque en el fondo sabe que el toro es más poderoso que él y le teme. El toro busca la manera de defenderse, siente las banderillas hundidas en su lomo y, para sobrevivir, busca la manera de enterrar sus cuernos en aquél que le quiere matar. Cuando los estudiantes y el pueblo puertorriqueño le den la cornada final a este gobierno opresivo y dictatorial que tenemos en lo que queda de nuestra Isla del Encanto, estaremos del lado de ellos igual que estamos con el toro porque sabemos muy bien quién es el matador y quién es la víctima.
Por JVP
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