Wednesday, July 7, 2010

La violencia: El toro y el torero

Hace unos meses entré a la edición cibernética de un periódico y la página se abrió con esta fotografía espeluznante del torero español, Julio Aparicio, recibiendo la cornada de un toro en la Plaza de las Ventas en Madrid. La cornada fue a la altura del cuello, le atravesó la lengua y le fracturó el maxilar superior. Tuve que cerrar los ojos de la impresión que me dio ver esta imagen tan violenta. Verla implicaba sentir ese dolor en carne propia, ser testigo del horror que prevalece en el mundo; no puedo evitarlo, la violencia siempre me afecta aunque no esté directamente dirigida a mi persona. Me dio curiosidad por saber si el torero había sobrevivido y leí la noticia. Abajo de la página me encontré con los comentarios que había hecho la gente, y observé que la gran mayoría de las personas, más que sentirse apenados por el torero, estaban de parte del toro. Y es cierto, el toro, por su tamaño y sus impresionantes cuernos que miran hacia adelante, puede verse como un animal peligroso, pero en realidad, es bastante dócil y, más que atacar, busca la manera de defenderse del peligro. Para este tipo de corridas, el toro es seleccionado por su bravura y se le cría para que sea más bravo de lo que naturalmente sería en condiciones naturales. Por lo tanto, la violencia que demuestra el toro en las corridas no puede ser considerada responsabilidad de él, ni se le puede considerar un criminal o un monstruo porque él no pidió estar allí, ni pidió que le clavaran banderillas en el lomo para que se desangrara lentamente antes de recibir la última estocada.

Con el mismo horror vi las fotos del motín que se formó en los predios del Capitolio el pasado miércoles, 30 de junio. Después de terminada la huelga pensé que las cosas se iban a calmar, pero no, el gobierno de Puerto Rico se ha empeñado en protagonizar el papel de torero y enterrarle al toro todas las banderillas posibles. Ni una semana había pasado desde que se había llegado a un acuerdo cuando en la legislatura ya estaba haciendo de las suyas aumentando el número de síndicos en la junta de la universidad, cambiando de asambleas a votaciones de estudiantes por internet, y llamando “un simple papel que no vale nada” a los acuerdos que se habían llegado con un mediador asignado por la corte.

Los estudiantes, al igual que los toros, tienen un aspecto que muchos de estos señores con gabán y corbata consideran peligroso. En vez de estar bien recortaditos y afeitados, se dejan el pelo largo y la barba crecer, como los comunistas, dirán. En vez de las chicas ir al beauty a que les pasen un buen blower en el pelo, salen con sus greñas despeinadas y sin ponerse maquillaje. En vez de vestirse con ropa de marca y zapatos de charol, andan con mahones rotos, camisetas gastadas y tenis sucios. En vez de tener la piel tan blanquita como la de ellos, tienen la piel tostada por el sol o son de una raza que ellos quisieran que no fuera igual a la suya. Para ellos son todos unos irrespetuosos, delincuentes, vándalos, subversivos, guerrilleros, tusas, ect., buscando una anarquía. Con estas excusas, ellos piensan que están en todo su derecho de aplastarlos e insultarlos. No los ven como jóvenes que están estudiando y preparándose para ser el futuro de nuestro país. No se dan cuenta de que ellos estaban lo más tranquilos haciendo sus tareas escolares hasta que vino un presidente nuevo con su agenda directa de la Fortaleza a decirles que les iba a quitar las exenciones, aumentar la matrícula e imponerles una cuota porque a ellos les toca sufrir la ineptitud de una administración que no sabe ni cómo cobrar los millones de dólares que les deben. En un país donde el crimen se incrementa cada vez más, el gobierno decide que tiene que utilizar a la Fuerza de Choque, la Guardia Nacional y la Unidad Montada para intimidar, lanzar gas pimienta, amenazar con pistolas y dar macanazos a diestra y siniestra a estudiantes, padres, trabajadores y periodistas tratando de hacer su labor, mientras los verdaderos criminales caminan felices por las calles con la misma prepotencia y altanería que ellos lo hacen. Me imagino que éstos pensarán que están mejor robando y vendiendo drogas porque si estudian en la universidad y se quejan les caen a palos.

No había justificación para tanta violencia. No había justificación para no permitir el acceso a los periodistas, fotoperiodistas y ciudadanos (estudiantes o no) que querían presenciar los trabajos de la última sesión del año fiscal en el Capitolio del Pueblo de Puerto Rico. Los que querían entrar estaban dispuestos a presentar sus identificaciones y no habían vandalizado nada. Sin embargo, ya ellos estaban armados y preparados para atacar, como matadores en la plaza de toros. Sabemos que el torero necesita cargar con la espada porque en el fondo sabe que el toro es más poderoso que él y le teme. El toro busca la manera de defenderse, siente las banderillas hundidas en su lomo y, para sobrevivir, busca la manera de enterrar sus cuernos en aquél que le quiere matar. Cuando los estudiantes y el pueblo puertorriqueño le den la cornada final a este gobierno opresivo y dictatorial que tenemos en lo que queda de nuestra Isla del Encanto, estaremos del lado de ellos igual que estamos con el toro porque sabemos muy bien quién es el matador y quién es la víctima.

Por JVP

foto por Ricardo Arduengo/AP


fotos por Primera Hora

1 comment:

Anonymous said...

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