Wednesday, December 1, 2010

Mi Navidad...

Las aguas se acercan a la orilla y el mar acorta el espacio donde se tienden los cuerpos a buscar el sol. La arena se llena de algas y el olor a mar es más intenso, como si su perfume se hubiese derramado por la playa. De repente el calor se apacigua y llega el friíto (favor de no confundir con el frío; el frío corta la piel, el friíto la abraza). El viento se embravece y la brisa tira las puertas, despeina los cabellos, sube las faldas. Hay que envolver la casa con luces de colores, desempolvar los Nacimientos y Reyes Magos, rescatar del olvido los lazos y decoraciones para adornar cada milímetro del hogar. El menú siempre es el mismo: lechón (aunque ya no coma cerdo), arroz con gandules, ensalada de papa con pedacitos de manzana, pasteles, morcillas (aunque ahora sepa de qué están hechas), jamón aderezado con cherries y piñas, arroz con coco, tembleque, turrón, y de beber, coquito. La música eternamente alegre, con el estribillo listo para la parranda. La barra del Hotel San Juan con su chandelier como estrella anunciando sueños recién nacidos. El Viejo San Juan rejuvenecido con luces y guirnaldas. Las predicciones de Walter Mercado aconsejando qué color llevar para la buena suerte. Despedir el año abrazada a la familia, toda la familia. Llorar si falta alguien, comer las doce uvas, tirar agua por la ventana, petardos, maraquitas, pitos. Reír hasta las lágrimas, bailar descalza hasta que amanezca. Y el mar como recompensa por haberme portado bien todo el año...


por JVP

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